¿Cómo llegué a ser mamá canguro? por Julia: “Siempre con nuestros hijos, ayudados por los portabebés”

Julia, Sevilla.

“El primer contacto que tuve con un portabebé fue tras el nacimiento de mi hijo mayor, que unos amigos nos regalaron una bandolera, con la que salió del hospital. Desde que supimos que íbamos a ser padres, éramos reacios a usar un cochecito, pensábamos que era un armatoste que nos alejaba de nuestro hijo. Sin embargo, la presión social hizo que nos regalaran uno, que hemos usado muy poco (sólo en un par de ocasiones con nuestro hijo menor).

Usamos la bandolera unos tres meses, más el padre que yo, pues nunca he conseguido seguridad con ella. No conocíamos más que una postura y, en cuanto dejó de caber en posición cuna, buscamos otro artilugio para llevar a nuestro hijo cerca de nosotros. Así caimos en la trampa comercial de la mochila Baby-Björn. Usamos esta mochila una temporada, pero, en cuanto empezó a pesar más y nos resentíamos después de un rato, nos planteamos comprar otra que permitiera ponerlo a la espalda. Buscando en internet, encontramos estudios que nos hicieron ver lo perjudiciales que son ese tipo de mochilas comerciales. Así conocimos la Ergo, que fue el portabebé que nos introdujo en este mundo, a través de un foro de una tienda comercial.

Cuando nació nuestro segundo hijo, tuvo problemas de reflujo y me decidí a probar un fular elástico Moby, pues sólo se encontraba bien en brazos estando en posición erguida. Fue la solución a su transtorno, tanto que se me hizo imprescindible. Lo llevaba prácticamente todo el día pegadito a mí dentro del fular, era la única manera de que estuviera calmado y se sintiera seguro.

Desde entonces he ido adquiriendo otros fulares en función de las necesidades (¡y de mis preferencias!) También descubrí los pouches, para subir y bajar a mi hijo rápidamente en casa o en la calle, y el padre se encaprichó con un mei-tai, con lo que hemos ido completando la colección.

No concebimos la vida sin nuestros hijos, y ellos nos acompañan siempre en portabebés.”

3 comentarios

  1. Muy bonita vuestra historia.

    Yo creo que la mayoría picamos con la Baby-Björn, debería conocerse más lo perjudicial que resulta esta mochila para el desarrollo del bebé y la espalda de la madre.

  2. Pues yo fuí de las pocas me parece que no picó con la baby-jörn antes de comprarla busqué tanta información que llegué a los fulares sin saber de su existencia jeje.

  3. Puf, yo piqué también (aunque con otra de Chicco, que además ni cabía mi niño ya con 2 meses… horrible). Pir suerte, como no cabía y mi marido tenía que llevarle en tren a la escuelita, largo trayecto de más de una hora entre metro, tren y caminar… pues llegamos a la Ergo. Fue increíble. Descubrimos el mundo con eso, vamos.
    Y de ahí me vicié, para mi segundo hijo me compré el fular, y ahora acabo de comprarle dos mei tais a una forera vuestra que los hace que son un capricho!! Y al gusto del consumidor.
    Voy más fardona… Y eso que mi peque ya tiene un año, y pesa que no veas!! (El segundo mei, tipo chinado, me lo he pedido a los Reyes, por eso de no sentirme derrochona, me lo regalará mi amiga “invisible”) Jijjiji.

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