¿Cómo llegué a ser mamá canguro? por Gema: “¡con tanta ternura!”

Bueno, pues no sé muy bien cómo empezar a contaros mi experiencia… Se remonta a hace unos años, cuando no tenía hijos aún. Vivía en un pueblecito donde no se podía llegar en coche; un día llegaron unas familias del País Vasco a visitarnos. Una de las mamás llevaba a su bebé en un fular superabrigadito, dormido y ¡con tanta ternura! Me gustó la forma de llevarlo.

Después pasó el tiempo y, cuando nació mi hijo mayor, ni me acordé de la chica del fular. Muchos preparativos, pero de cómo llevarlo en mis brazos, nada. El carrito, la cuna, las mantas, … Bueno, todo reciclado, porque no queríamos comprar esa clase de cosas…. aunque no faltó ni un detalle (bueno, sí, pero esto viene después…). Los primeros meses fueron tranquilos, siempre en mis brazos, mamando y durmiendo. Después nos mudamos de comunidad autónoma y pisamos tierras gallegas, donde el carro no servía para nada; caminos de tierra, en los que caminar con un niño en brazos era más sencillo que cualquier otro artilugio inventado por el hombre. Empezamos a arar la tierra para cultivar, y, con la reconstrucción de nuestro nuevo hogar, todo parecia fácil. Pero mi espalda se resentía cada día más, con todo el trabajo, a la vez que llevar a un bebe en brazos todo el día. Un día fui a una huerta a ayudar a sembrar patatas y así aprender, y la señora (dueña de la huerta), con mucha frescura y naturalidad, se quitó el pañuelo que llevaba en los hombros y, agarrando al niño, me lo colocó de tal manera que quedaba en mi espalda, sujeto, y yo tenía las dos manos libres… para poder trabajar.

Desde ese momento sentí que mi pequeño iba mejor conmigo, me compré una tela ni muy gruesa ni tampoco fina, creo que era de algodón, con la dirección del tejido a lo largo y empecé a colocármelo sólo para trabajar. Pero poco a poco íbamos viendo que era donde más cómodo estaba, y yo no tenía ni un dolor de espalda, pues empecé a utilizarlo para todo, iba siempre conmigo y me encantaba; a por setas, de paseo, a la compra, hasta a las manifestaciones de “nunca mais” fue el peque en fular…

Después de mucho tiempo y sin pensarlo, llegó Luca a nuestras vidas y, al igual que con su hermano, quise que estuviera conmigo todo el tiempo posible. Al principio no empezamos utilizando ningún tipo de mochila, estaba siempre en “bracitos”. Pero después, cuando todo volvió a la normalidad y yo tenía que trabajar en casa, me acordé de mis inventos y me fabriqué una especie de fular, pero menos largo, para ratos cortos, porque la tela no era apropiada. Después de buscar en CN y hablar con las chicas en el foro, me animé a comprarme un Mei Tai; me parecía más cómodo para caminos largos, paseos y compras interminables… Pero… me seguía picando la curiosidad por un fular en condiciones, tela especial que no estira, tintes naturales que el peque puede chupar sin problemas, algodón 100 %, transpirable… Entonces me compré uno hace poco, ahora no me quito éste, es supercómodo y nos encanta. A su papá le gusta más el Mei Tai por comodidad a la hora de atarlo, pero en casa le mola llevarlo en nuestro fular-bandolera casero. Nos encanta estar cerca de nuestro bebé y a él le apasiona tenernos cerca, por eso no utilizamos el dichoso y aparatoso carrito.

Una respuesta

  1. Yo llegué a ser una mama canguro un poco de casualidad. Antes de que naciera mi hijo Carles, era de las que pensaba que a los niños no se les ha de coger en brazos que luego se acostumbran y luego solo quieren brazos. Así que cuando nació mi hijito, lo cogia poquito, por suerte me salió muy dormilon y solo se despertaba para mamar. Así que se pasaba gran parte del día en su mini cuna durmiendo. :S
    Un día, cuando el tenia un mes y medio aprox. fui a un encuentro de madres lactantes en el Parc de la Ciutadella en Barcelona y alli vi a varias madres con fulares. Me pareció una imagen super bonita. Una de las chicas con las que estaba me comentó que en la web de crianza natural los vendian. Así que me metí en internet y fui “investigando” sobre los portabebes.
    Como mi cumpleaños estaba muy cerca decidí que ese seria un buen regalo. Así que mi primer portabebe fue un foular. Al principio un poco lioso por el tema de que no sabia hacer los nudos, que si me quedaba el niño demasiado bajo, luego demasiado apretado, en fin lo que nos ha pasado a todas al principio. Poco a poco nos fuimos acostumbrando al pañuelo, como lo llamamos en casa. Tenía que aguantar comentarios de la gente tales como “a ver si se te va a caer el niño” u otros más bonitos como “mira que bien que va dormidito junto a su mami”.
    Poco a poco, despues de leer mucho me fue interesando el tema, y como siempre estaba hablando de los portabebes con mi marido poco a poco él tambien se fue aficionando. Yo quería comprarme un mei tai pero mi marido me decia que no el pañuelo ya teníamos bastante. Por suerte llegó el calorcito y yo con la excusa de que sudábamos mucho accedió a comprar un pouch 🙂 . Luego vino la patapum y finalmente hoy mi suegra me ha dado mi primer mei tai (que me lo ha cosido ella) y estoy como loca por estrenarlo. Y nos está cosiendo el segundo de colores un poco más adecuados para el papi.
    Total que ahora cuando salimos de paseo llevamos el carrito, normalmente para ir poniendo bolsas de lo que compramos y dos portabebes uno para el papa (él suele preferir la patapum) y yo a veces el pañuelo o el pouch.

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