¿Cómo llegué a ser mamá canguro? Por Lara: “¡le llevaríamos únicamente en brazos!”

Lara, Bilbao.

Antes de pensar en ser madre ya miraba con recelo los carritos de bebés. Aunque los creía imprescindibles, me parecía que los bebés se tragarían el humo de los coches ya que las sillitas están a nivel de los tubos de escape. Me inquietaba ver a las madres cruzar la calle con el carrito por delante, casi sin mirar la carretera. Y me angustiaba ver a esos bebés tan solitos, y tan separados del mundo. Sin embargo, las imágenes de indígenas cargando a sus bebés en distintas telas me resultaban mucho más acogedoras, igual que le ocurría al que iba a ser el padre de mi hija, que pasó una temporada en México y tuvo la oportunidad de ver a muchas mujeres cargando a sus hijos.

Cuando empezamos a plantearnos el embarazo, nos recomendaron la mochila Baby-Bjorn, pero no nos terminaba de convencer… Recordábamos con placer las telas indígenas y estas mochilas “de última generación” nos parecían casi como “matar moscas a cañonazos”… Así que en su último viaje a México, mi compañero trajo un par de rebozos de los que usaban allí las mujeres para llevar a sus bebés. Fue su primer regalo para nuestro bebé que estaba a punto de llegar.

Buscando en Internet conocimos la existencia de los portabebés ergonómicos occidentales. Por supuesto, decidimos hacernos con un fular largo, que era después de todo otra tela! Y leyendo en foros vimos la clave: no necesitaríamos ningún carrito para nuestro bebé, ¡le llevaríamos únicamente en brazos! Aunque todos nuestros conocidos se echaron las manos a la cabeza, así ha sido: después de los rebozos (con los que dimos nuestros primeros paseos) y del fular, conseguimos varios pouches, mei tais, bandoleras y más fulares. Con ellos no tenemos ningún problema para subir las escaleras de nuestro piso (4º sin ascensor), tomar el transporte público con tranquilidad, pasear por la ciudad, ir de tiendas, asistir a reuniones y charlas, cocinar, comprar y cargar con la compra hasta casa… Los portabebés nos permiten tener una vida muy activa y hacer partícipe a nuestra hija de todas nuestras actividades, sin dejar de atenderla ¡y sin dejar de darle besos!. Pero nada de eso es comparable con sentir a nuestra hija tan cerca, sentir su latido, su respiración, y notar cómo sus músculos se van aflojando hasta caer dormida.

5 comentarios

  1. Lara, me alegro de que por fin te decidas a escribir vuestra historia 🙂 Ya te dije que me pareció preciosa, y el rebozo convertido en bandolera, una fantástica idea. Un besote.

  2. Sólo decir que ojalá haya muchas más bebés en el mundo criados por unos padres como vosotros…
    Un abrazo 🙂

  3. Holaaaa!! te conocí en una charla de la liga de la leche, y me invitaste a una reunión inofrmal a la q llegué tarde x trabajo.

    Sobre todo saludar, a ver si me animo y te llamo para hablar.

    Gema

  4. Me ha encantado la historia, Lara. Muchas gracias por compartirla,
    Un abrazo!

  5. Muchas gracias Lara, me ha encantado, y el detalle de “sin dejar de darle besos”. Es muy importante, Siempre lo pienso. En el carrito está tan lejos que no se les puede dar besitos tan a menudo,

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