“Papá y Yo”, de Patricia Roncallo

nenaypapaTexto original de Patricia Roncallo, psicóloga, ampliado por Red Canguro

Cuando hablamos de las relaciones afectivas más importantes en la primera infancia, en términos generales y casi sin querer, nos referimos al vínculo que se establece con la madre porque es ésta en el 90% de los casos quien hace de figura de referencia y está

presente en cada momento de la vida del bebé. Hacemos entonces una diada inseparable en la que madre y niño son uno solo, una relación en la que muchas veces se hace difícil penetrar. Pero la verdad es que, ya desde hace algunos años, el padre viene luchando por un lugar esencial en la vida del pequeño complementando o sustituyendo (en algunos casos) esta relación y proporcionando, al igual que la madre, la seguridad y cariño que le permitirán al bebé un adecuado desarrollo psíquico, físico y afectivo.

¿Sólo mamá o podría ser papá?

Tal y como lo señalaba el psicólogo J. Bowlby en 1953, el apego es el vínculo afectivo que desarrolla el bebé con su figura de referencia principal, la encargada de cuidarle, alimentarle, acunarle y consolarle. Es el motor indispensable para un desarrollo adecuado de la personalidad  y surge de la activación o interrupción de conductas instintivas, contribuyendo a la supervivencia de la especie. En otras palabras, en su adaptación al mundo, los cachorros humanos necesitan un ambiente de crianza dentro del cual otra persona se ocupe de atender todas sus necesidades. El acceso, ausencia o capacidad de respuesta de esta figura afectiva de referencia proporciona la seguridad emocional necesaria para que el bebé crezca sintiéndose querido, atendido y aceptado, permitiéndole, entre otras cosas, responder adecuadamente a las amenazas del entorno para poder dar continuidad a la especie.

Cuando hablamos de la accesibilidad de la figura de apego, no sólo hablamos de presencia física, debemos también tener en cuenta su disposición a dar respuesta de manera apropiada a las necesidades del bebé, ya que, a partir de los primeros meses de vida y, en especial, de los seis meses a los cinco años, se activa con mayor facilidad la construcción de expectativas que se traducirán a lo largo de la vida en la confianza hacia los otros. Se establece un modelo del mundo dentro del cual hay una persona (por excelencia, la madre) a quien el bebé dirige todas sus demandas y muestras de cariño. En la capacidad y forma previsible de las respuestas de ésta se basan los pronósticos de aceptación o no del propio ser, tan importantes en la edad adulta.

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Diversos estudios han demostrado que, aunque los bebés dirigen durante los primeros meses su atención casi de manera exclusiva e inminente a la madre, por ser su cuidadora principal, un padre presente, sensible y accesible juega un papel importante, no sólo como figura de apoyo, sino como una base sólida en la cual el bebé encuentra el cariño y consuelo necesario en el día a día, ante un cambio imprevisible en su entorno o simplemente cuando las tareas de la reciente maternidad agoten por completo la energía de la madre.
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Papá y yo: los comienzos de nuestra historia…

Ya durante el embarazo y a partir del segundo trimestre, momento en que el bebé comienza a ser consciente de los estímulos externos, el padre juega un papel primordial. Este vínculo temprano, la posibilidad de contacto por medio de la voz o el tacto, hacen que llegado el momento del parto, bebé y papá no sean un par de desconocidos, sino que se haya establecido una temprana relación favorable.

Numerosas investigaciones señalan que la presencia del padre en el parto es otro motor para la construcción del vínculo afectivo, estar allí pone de manifiesto la llegada del bebé al mundo y moviliza toda la carga hormonal y emocional necesaria para su cuidado y protección. Cuando el pequeño nace, sus brazos le ofrecen calor y consuelo cuando menos lo espera; su voz (conocida ya de la vida intrauterina) y su olor le tranquilizan dentro de un mar de extraños y en un entorno que pueda llegar a percibir como hostil; es el padre quien le introduce en el mundo de los otros (aquéllos que no son la madre) y, por medio de los juegos, lo introduce en la socialización primaria, ofreciéndole a su vez un apego seguro y calidad de vida. Es bien conocido que niños con padres presentes, sensibles y dispuestos, gozan de relaciones afectivas más placenteras y su respuesta a la ansiedad de separación es menos traumática y dolorosa.

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El papel del padre no se reduce a ser un facilitador de las tareas domésticas o un comodín en caso de no disponibilidad de la madre; su figura, su presencia en la vida del bebé, va más allá y es de gran importancia para el desarrollo de su personalidad y confianza en el mundo. Por tanto, permitir que ambos disfruten de la experiencia de la crianza en brazos es una nueva meta.

Las primeras experiencias del padre como canguro suelen darse en los primeros días de vida, ayudando a que el bebé concilie el sueño o satisfaga su necesidad de estimulación, meciéndole, acunándole, cantándole o disfrutando de un compás suave de danza con él o incluso otros estímulos más intensos, como cuando el padre lanza con cuidado y total confianza de ambos a su bebé en el aire. Los resultados positivos no se hacen esperar y tenemos, como madres asombradas, una imagen que rebosa ternura, de nuestra pareja con el nuevo miembro de la familia dormido en brazos.

En la medida del crecimiento del niño, los portabebés le permiten al padre disfrutar de innumerables horas de juego (su forma de relación favorita), paseos a diversos lugares sin la complejidad de llevar mil cosas y, sobre todo, seguir estando cerca, en contacto profundo, alimentando esa relación de seguridad y confianza tan importante para los dos.

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Algunos testimonios

Raul, papá de Aitana (15 meses)

“No me queda muy claro si un papá canguro nace o se hace. A continuación os cuento mi historia.

Creo que la primera vez que ví un portabebés fue cuando estaba buscando un regalo para el primer hijo de un gran amigo. No sabía muy bien qué regalarle y perdí mucho tiempo dando vueltas, viendo tiendas y preguntando precios. Una experiencia nueva y un sueldo estudiantil no daban para más. Por fín entré en una tienda y, en una esquina, encontré lo que estaba buscando. Una bonita mochila que le permitiría salir con su hijita sin mucha complicación. Su practicidad me convenció y no seguí buscando. A pesar de superar mi presupuesto, el regalo me escogió.IMGP1438

Varios años después me tocó mi turno y, entre las cosas que tocaba preparar, quería encontrar una mochila como aquélla. Había muchas más marcas y estilos, así que tocó informarse mejor y perder varias noches leyendo artículos en internet, características, ergonomía, dónde encontrarlas, etc. Durante ese tiempo mi propio hermano me regaló una mochila similar a la que yo había regalado varios años antes, ya tenía mi propia mochila. Sin embargo seguía teniendo curiosidad por otro tipo de mochila, que conocí gracias a otros amigos en una barbacoa de jardín. En su siguiente visita nos la trajeron y, dado que presentaba unas características diferentes, acabamos comprándonos una mochila “Ergo” en internet.

El manejo de estas mochilas nos permitió disfrutar de muchas actividades al aire libre y devolvernos la mayor parte de la movilidad que teníamos antes de la llegada de nuestra pequeña, integrándola además en dichas actividades. En este punto he de decir que el porteo me parece la mejor forma de relacionarme con mi hija. Durante el crecimiento de “la peque” hemos ido ajustando correas, probando nuevas posturas y dándole nuevos usos. El siguiente paso han sido los portabebés tradicionales: pouch, foulard, mei-tai, etc. Tras nuevas noches de “investigación” y selección, elegí mi propio mei-tai y, en la actualidad, se ha convertido en mi favorito. Es incluso más sencillo que las mochilas, ocupa y pesa menos y me permite una relación muy natural con mi hija. Ahora que echa sus primeras carreras y tiene una gran autonomía me permite salir con ella sin preocuparme de nada. En el momento en el que se cansa, da igual lo lejos que estemos de casa, la subo en el mei-tai y seguimos a lo nuestro, es el portabebés que más nos gusta actualmente. También es fantástico cuando enfrentarse a una situación que le genere ansiedad, como un supermercado, le sobrepasa y pide estar más cerca de nosotros. En resumen, podemos hacer lo mismo que antes sin mucho esfuerzo, ella crece feliz y disfruta de los dos por turnos, los fines de semana ambos queremos ser los primeros en llevarla.

Todo esto sin mencionar la propia salud. La espalda no se resiente e incluso se tonifica. El peso adicional ayuda a ejercitar las piernas de la forma más natural del mundo, un adulto transportando a sus hijos.

Aquello que en su día me llamó la atención me condujo a un camino de redescubrimiento que ha afectado a la forma en la que  mi hija y yo nos relacionamos con el mundo y entre nosotros.”

Florent, papá de Selena, 17 mesesP7131677

“Mientras escribo estas líneas, tengo a Selena durmiendo encima de mí en un mei-tai. La cabeza apoyada en mí, la nariz soplando contra mi pecho, una manita tocando mi perilla, la otra bailando en el vacío después de haber soltado mi suéter… Al mismo tiempo, me llega este olor a leche de bebín y este calor suave que le arropa. Aunque a mucha gente le podría parecer más cómodo dejar a su hij@ dormir en una cuna, carrito u otro artefacto moderno, yo lo tengo clarísimo: no hay nada más agradable, inspirador y tranquilizador que tener a su propia hija descansando en su pecho.

De hecho, me recuerda a una película francesa donde l@s habitantes de una civilización avanzada y que viven según los preceptos ecológicos necesitan abrazar a un bebé durante una noche entera para recargar su energía vital. No sé si se tratará de un cuento de hadas, pero a mi me ha hecho pensar que esta película se inspira en siglos de experiencia de portabebés: el flujo de energía de la criatura hacia su padre es algo real, una sensación y un desarrollo de los sentidos que disfruto cada día más y que para nada cambiaría por un cochecito o silla, incluso de última generación. No solo cuando está durmiendo la peque se perciben estas sensaciones -que me evocan el lado irracional e instintivo que tod@s llevamos en nosotr@s- sino en cualquier momento: de paseo, de compras o de descanso; tanto Selena como yo gozamos de esta cercanía e interactuación constante en la vida diaria.

Además, al igual que me pareció lógico desde el principio que Selena naciera en casa y no en el hospital, nunca nos he imaginado con un carrito, sino más bien con algo distinto… El primer paso lo dí comprando en México, donde vivía entonces, dos bandoleras tradicionales que las indígenas utilizan para llevar a sus bebés. Todavía no eramos padres, pero fue uno de los recuerdos que quise llevar a casa de vuelta. Con las explicaciones de la vendedora, que me hizo una demostración de cómo montar a un hijo, me pareció lo más natural del mundo. Sin embargo, la práctica es un pelín más complicada y, mientras algunos pueblos lo llevan en su cultura y transmiten de generación y generación el arte de llevar a sus hij@s, en una región del mundo como la nuestra, donde portar bebés no es la regla, sino la excepción, no sólo hace falta tener la herramienta, sino también una buena formación.

Y aquí mi suerte es haber tenido a Lara. Mientras algunos, como yo, tenemos tendencia a teorizar con bastante facilidad, a veces nos falta la paciencia o el don de llevar estas teorías a la práctica. Aquí, sin duda la amatxu fue el eslabón imprescindible para hacer realidad la teoría. De la torpeza de los primeros días a la maestría de una instructora, sólo les habrá costado a madre e hija unos pocos meses para que dominaran una gran variedad de portabebés y pasaran a enseñarlo a otras padres, madres y recién nacid@s. Reconozco que no me sé tantos anudados ni técnicas como las dos mujeres de nuestra casa, pero, eso sí, me sé lo suficiente para poder andar a gusto con una Selena despierta, dormida, tranquila, con ganas de marcha, de paseo, descanso, etc. Ambos sabemos lo suficiente para ir descubriendo con complicidad las pequeñas cosas de la vida.”

Paco, papá de Marcos

“Mi experiencia con los portabebés creo que ha empezado un poco tarde, ya que cuando comenzamos a usarlos con nuestro hijo ya tenía siete meses y pesaba casi ocho kilos. Para el siguiente intentaré usarlo desde mucho antes, no sé si incluso me atreveré en los primeros días.

Antes de empezar a usarlos no sabía ni que existían, lo único que había visto eran las mochilas, pero no las ergonómicas, sino las otras, las conocidas como “colgonas”. Al principio yo era un poco reacio con este tema, hasta que un día mi mujer contactó con una instructora de portabebés y fuimos a su casa, allí nos explicó los distintos tipos que existen y más cosas sobre el porteo de bebés. A partir de ahí mi mujer compró un mei-tai y me animó a que lo usara yo también. Lo probé y, la verdad, es que me gustó lo de llevar al bebé pegado a ti, le puedes decir cosas, acariciar, besar, … en cualquier momento; además de que le incluyes en las actividades a tu mismo nivel y le sirve de estimulación. Lo mejor es cuando se duerme, apoyando la cabeza en mi pecho. Además, es la prueba de que tienen que estar a gusto, si no, no se podrían dormir.

Un tiempo después mi mujer compró un fular, y la verdad es que es el portabebés más cómodo que he probado, aunque es más complicado de colocar.

Cuando vas por la calle con el niño en el portabebés hay mucha gente que mira un poco extrañada, pero los pocos que se atreven a hacerte algún comentario dicen siempre lo mismo: “¡Qué a gusto va ahí!”

En conclusión, la experiencia ha sido muy positiva, os la recomiendo, y, como ya he comentado, lo mejor es cuando se duerme pegadito a ti. ¡A cangurear se ha dicho!”

Julia, pareja de Sergio, papá de Mateo, 3 años, y Pedro, 18 meses

“La labor del padre en la relación con nuestros hijos ha sido, en nuestro caso, fundamental para establecer el vínculo afectivo. Cuando nació nuestro hijo mayor, yo no tenía conocimiento práctico ninguno del trato que necesita un bebé. Sin embargo Sergio, al ser el menor de una familia de 9 hermanos y haber tenido a su cargo durante largas temporadas a algunos de sus sobrinos mayores, tenía mucha experiencia y seguridad en la relación con los niños cuando parecen tan delicados. Su relación con la naturaleza, al haber vivido durante toda su infancia en un cortijo, rodeado y al cargo de animales, también le hacían tener su instinto más aguzado que yo. Yo era una “madre primeriza de ciudad”, con el instinto reprimido o nublado por las distintas teorías y métodos que nos hacen creer necesarias conocer para tratar a nuestros hijos. Sin embargo, aún con el miedo que la sociedad y la civilización había cargado sobre mí, tenía claro que mi hijo y sus necesidades eran lo más importante y ambos coincidíamos en que tanto él como nosotros necesitaríamos el máximo contacto, llevarlo pegado a nosotros, para una relación sana.

El primer regalo que recibimos en el hospital fue un deseado portabebés. Era una bandolera, ahora sé que no de las más adecuadas, pero nos sirvió para, en los primeros meses llevarlo junto a nosotros. O más bien debería decir junto al padre; mi hijo era de los que no soportaban estar en posición cuna en mis brazos si no era para mamar, así que fue Sergio quien le sacó más partido a la bandolera. Cuando nuestro hijo, a la caída del sol, empezaba su sesión de llantos sin causa aparente conocidos como “cólico del lactante”, lo único que le calmaba era que su padre lo cogiera en sus brazos y le empezara a hablar tranquilamente. El sonido de su voz, quizás por la vibración de las cuerdas vocales, quizás por ser un sonido conocido, le calmaba inmediatamente. Así que descubrimos que cuando Sergio lo metía en la bandolera y salía a dar un paseo con él, conversando conmigo, hacía que su llanto cesara y se quedara plácidamente dormido. Otras veces, cuando el tiempo no acompañaba para salir, lo colocaba en la bandolera y le leía algún texto o le hablaba sobre su trabajo. Nos sorprendía que su descripción de las válvulas del sistema de refrigeración que estaba analizando pudiera tener tal efecto calmante en un bebé.

Él fue quien llevaba mayoritariamente a nuestro hijo mayor cuando salíamos de paseo los primeros meses. Cuando empezó a pesar demasiado para llevarlo sobre un solo hombro durante periodos prolongados, coincidiendo con la época cuando empezó a mantener el control de su cabecita, empezamos a llevarlo en una mochila en posición erguida y ya pudimos compartir la experiencia.

Cuando nació Pedro, que se lleva 19 meses con el mayor, nos planteamos comprar un segundo portabebés para poder llevar a los dos, de modo que la función del padre siguió siendo fundamental para poder seguir llevando a nuestros dos bebés. Descubrimos entonces el fular, pues nuestro hijo menor padecía de reflujo y había que mantenerlo erguido para minimizar sus molestias. Aunque al principio el padre era reacio a usar el fular, después de ver algunos vídeos se hizo también adepto a este tipo de portabebés y llevábamos los dos a nuestros hijos, cada uno en un fular.

En nuestro caso no ha habido una única figura de referencia, sino que hemos compartido la crianza de una manera equitativa (o casi), ya que siempre hemos trabajado ambos mayoritariamente desde casa y repartido el resto de obligaciones que vivir en familia con dos hijos en un piso conlleva. El padre siempre ha sido, no sólo una ayuda importantísima, sino sobre todo una guía complementaria y de igual relevancia para mis hijos y un compañero inigualable para mí.

Poco después empezó a establecerse la Red Canguro y Sergio participa de manera activa. En los encuentros que tenemos en nuestra ciudad, él anima a las madres a llevar a sus hijos en el portabebés más idóneo en su caso y ayuda y da consejos de la misma manera que yo. He notado que muchas veces un comentario suyo da mucha seguridad a los padres que nos consultan. En estos tres años de experiencia con portabebés ha llegado a dominar el uso de las mochilas ergonómicas, sobre todo, pero también el fular, tanto delante como a la espalda, y el meitai o incluso la bandolera. El haber conocido, gracias a la Red Canguro, a otras familias canguro y, en especial, varios padres canguro que se han convertido en nuestros mejores amigos, ha sido decisivo también, en mi opinión, para que pudiera afrontar con seguridad comentarios de burla o desprecio de personas que no comprenden que existe una alternativa a los cachivaches convencionales en nuestra sociedad actual para trasladar a los bebés y niños. Esperamos que, poco a poco, se vaya extendiendo entre los padres el uso de portabebés para llevar junto a ellos a sus hijos, pues creemos que no son sólo artilugios prácticos o de moda o tendencia, sino que indica un cambio en la forma de vida de las familias encaminado al bienestar de la sociedad.

Puedo decir con orgullo que Sergio es un verdadero papá canguro y un firme y activista defensor de los principios de la crianza con apego.”

Acerca de Red Canguro:
La Red Canguro, Asociación Española por el Fomento del Uso de Portabebés, es una asociación sin ánimo de lucro que se estableció en noviembre de 2008 con los fines de fomentar el uso de portabebés entre madres y padres y cualquier persona interesada, difundir información relacionada, servir de contacto y apoyo a personas que deseen iniciarse en el mundo de los portabebés, alentar el encuentro e intercambio de información y experiencias entre personas usuarias de los mismos, aumentar el nivel de conocimientos sobre el porteo de bebés en castellano y fomentar y difundir la crianza con apego. Para más información sobre estos temas, visita: http://redcanguro.org

Puedes reimprimir o distribuir este artículo libremente en cualquier medio (ya sea impreso, en un sitio web, o en un correo electrónico) con la única condición de que mantengas el título, contenido y el pie del articulo con la informacion de nuestra asociación intactos, y que todos los enlaces a nuestro sitio web esten presentes.

18 comentarios

  1. ¡ha quedado genial! Me encantan las fotos de papis canguro 🙂

    Besiños

  2. qué hermosa nota!!! me encantaron las fotos de los papis canguro 🙂
    saludos!!

  3. Me ha encantado el reportaje. Precioso!

  4. la nota esta super…..Las felicito!!!!

    Saludos

  5. uiss que no habia visto! muy bonita la materia y als fotos chulisimas! enhorabuena!

  6. Me encantan los testimonios y sobre todo las fotos!! un beso para todos los papis!!

  7. ¡Enhorabuena por este reportaje tan bonito y cargado de contenido! Me han gustado mucho las fotografías de las demás familias. ¡Cuánta ternura!

  8. Ha quedado fantastico, y los comentarios son estupendos. Buen trabajo, chicas.

  9. Me encanta!!!!!!!!!!!!

  10. Enhorabuena 🙂 me encanta

  11. Me encanta el artículo. Enhorabuena. Las fotos de los papis preciosas

  12. pero q bonito, se lo reenvío a mi chico q le va a hacer mucha ilusión la foto!
    los testimonios me han parecido muy especiales! Ole esos papis canguros!!

  13. […] Papá y Yo Artículo de Red Canguro. […]

  14. […] un año y medio, escribí para la red canguro un artículo sobre los papás canguro. Os lo comparto no solo porque me parece muy interesante, sino porque es un texto al q tengo […]

  15. […] Más sobre papás canguro en nuestro blog. […]

  16. […] Papá y yo, sobre el papel del padre en la crianza y sobre el porteo de bebés por parte de los papás, entrada ya antigua del blog de Red Canguro Pero la verdad es que, ya desde hace algunos años, el padre viene luchando por un lugar esencial en la vida del pequeño complementando o sustituyendo (en algunos casos) esta relación y proporcionando, al igual que la madre, la seguridad y cariño que le permitirán al bebé un adecuado desarrollo psíquico, físico y afectivo. […]

  17. […] sobre papás canguro en nuestro blog. Comparte esto:FacebookTwitterMe gusta:Me gustaSé el primero en decir que te gusta esta […]

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