Sobre la importancia del contacto (parte 4 -y última)

ME SIENTO YO PORQUE ME TOCAS. Parte 4: La Sensualidad

Artículo de C. Nisak publicado en maternage.free.fr y traducido del francés por Red Canguro. Título original: “Ma peau, je me sens moi parce que tu me touches” (1985). (Leer aquí la parte 1, la parte 2: La mano y la parte 3: El Yo-Piel).

La piel: vehículo de la sensualidad

El lactante no es únicamente un estómago que llenar, ni una suma de emociones y sensaciones. Ante todo es sensualidad: siente el calor, la dulzura de las caricias, su ritmo. Vibra bajo la presión de las manos de su madre sobre su cuerpo y goza con ese contacto que le fortalece. Pero si su madre no ha adquirido un comportamiento maternal ya sea por lo que ella vivió de bebé ya sea por aprendizaje, se mostrará torpe y pondrá en peligro la supervivencia de su hijo.

Como es placer en estado puro, el lactante vive todo acto de amor como bienestar supremo y así lo devuelve. Por su piel y el cuerpo a cuerpo, “hace el amor” y la madre no es insensible a sus caricias.

Madre y mujer, responde ella también a estos estímulos sensuales y los saborea. El reconocimiento del placer que le da a su hijo y su propio placer que obtiene abre todas las posibilidades. Que se reduzca a un simple papel abastecedor equivale a ver al niño como una simple “cosa” viviente que podría crecer sólo con regarle diariamente con algo de agua.

Los primeros contactos del recién nacido son extremadamente favorables para la madre: subida de la leche, contracciones del útero durante el amamantamiento, e incluso reequilibrio de su sexualidad gracias a dar el pecho.

La boca: el erotismo del recién nacido: el lactante se apoya en su boca

La leche sería para el recién nacido su primer alimento terrenal, y su boca la primera prolongación de su ser (cuando el niño es depositado sobre el vientre de su madre, le hacen falta sólo cinco minutos para encontrar el pecho).

El reflejo de succión que existía ya en el útero, por la boca, segundo órgano refinado (perceptivo y activo), satisface simultáneamente la necesidad de llenar su estómago hambriento y se continuar la búsqueda erótica con su madre.

El amamantamiento por el pecho invade al recién nacido de sensaciones extraordinariamente dulces que quedarán grabadas en su memoria afectiva, y condicionarán la calidad de sus intercambios sensuales y sexuales futuros.

Zona erógena por excelencia, la boca del lactante explora, respira, discrimina. Es por medio de sus labios y sus mucosas que comunica, toma y da, y por este juego de vaivén experimenta toda una gama de sensaciones. Esta relación de objeto con el pecho y biberón en un contacto de amor ata al recién nacido a su cuerpo y a sus funciones corporales. Cuando estas condiciones se cumplen el mamar constituye una experiencia de satisfacción narcisista primaria: estómago repleto por dentro, calor por fuera.

En el estado primero de este descubrimiento del pecho y del placer de la succión (0 a 6 meses) la boca del recién nacido “digiere” lo que ama.

  • Si el pecho es bueno para mamar, para chupar, para jugar, confundirá su placer de tener con su placer de ser.
  • El caso contrario, su carencia de amar y ser amado le causará los conflictos vitales que llamamos “hospitalismo”. Estos niños son indiferentes a todo y pueden morir.
  • De la misma manera que chupa el pecho con deleite, el recién nacido chupa sus puños, sus manos, sus dedos.

§ La prohibición por la madre de estos contactos familiares consigo mismo atenta contra su individualidad. Estas frustraciones pueden conllevar una fijación oral: grandes fumadores, bebedores y chupadores de pulgares en la edad adulta.

  • En un segundo estado (de 3 a 6 meses) de esta actividad oral del lactante, este último, además del seno materno, se concede un sustituto: un oso de peluche (la elección de tejido de peluche muestra bien su necesidad de “suavidad”), tela (generalmente flexible y blanda) o muñeca, que carga con el olor y el manejo de todo un simbolismo afectivo.

§ Este objeto transicional recibe por parte del niño todas las consideraciones (besos, caricias, cosquillas e incluso tortura) y es inseparable de él mismo. Perpetúa la unión entre su madre y él, enseñándole al mismo tiempo a separarse de ella, forja su individualidad. No lo abandonará sino progresivamente, según suceda su despertar exterior.

  • En un tercer estado (de 6 a 12 meses), con la aparición de los dientes, el lactante completa su búsqueda del goce mordisqueando los pechos de la madre, así como los objetos que le rodean. Comienza a diferenciar a los demás y no confunde ya más el objeto de sus deseos: alimentarse, con el objeto de sus placeres: el de alimentar su auto-erotismo. El lactante sabe perfectamente lo que le va bien, y todos los pretextos le son buenos y necesarios para entrar en contacto con los demás, que le toquen, le mimen, y en definitiva, como hemos visto cuando chupa sus dedos o su mano, entrar en contacto sensual consigo mismo para vivir sus pulsiones. Porque el niño tiene pulsiones cuyo centro principal en esta época de su vida es su boca. Su boca se afirma como el hogar de su sexualidad infantil, lugar preferido para él para experiencias eróticas que no ha parado de renovar. Que se trate del pecho materno que devora, del objeto que maltrata, su erotismo bucal se revela en las primeras horas tras el nacimiento. El éxtasis que siente con el contacto de su boca con el pecho de la madre localiza su primera vivencia como “ser sexual”.
  • A este erotismo bucal del amamantamiento se añade la necesidad de posesión (posesión por y con la boca que los juegos amorosos reproducen sin fin). El recién nacido querría engullir el pecho de su madre, y para este acto produce una energía considerable para conseguir esta satisfacción. Si la boca del lactante se apoya instintivamente sobre lo que le procura más placer, la boca de la madre, por los besos que le prodiga, le devuelve a su goce.

§ Acariciar con el borde de los dedos la boca del bebé, besarle en la boca, es reconfortarle con su “perfecto derecho” de “gozar con ella”.

  • Cuando la separación con la madre termina, el niño prosigue su vida sexual por medio de la boca con la absorción de la comida, y todas las caricias que se permita. Su boca no será ya el único lugar de su placer, investigará su cuerpo y sus genitales.
  • Como se apoya en su boca en los primeros meses de su vida, el lactante libre y alentado a vivir su cuerpo por medio de la boca puede pasar sin problemas de esta parte primordial de su persona a aquella igualmente importante de su sexo. La fase oral es el primer estado del desarrollo de la libido del niño.

Del contacto fusional al aprendizaje de la separación

Después de los primeros meses de fusión con la madre, el lactante se separa progresivamente de ésta. El objeto “fetiche” del que se ha apropiado marca este primer paso de su totalidad indiferenciada a una mayor individualidad. Perseguirá esta separación en el transcurso de las etapas de su evolución (infancia, adolescencia, edad adulta) afirmando su personalidad; hasta que esto involucione cuando se aproxime la muerte.

La vejez es el punto óptimo del ciclo de la vida, donde el individuo se funde de nuevo con el todo y lo invisible. Esta separación con el todo materno, medible por sus capacidades de despertarse en el mundo exterior y de disfrutar con sus atractivos, es para el recién nacido la condición necesaria para su crecimiento.

El recién nacido conoce cada día la experiencia de esta temible fatalidad por la discontinuidad de sus tiempos de vida (tiempo de biberón, tiempo de sueño, de baño, de juegos, de paseos, etc.). Desde que se interesa por los objetos, domestica esta alternancia (el bebé tira su juguete, la madre lo recoge, lo tira de nuevo, y esta operación se repite hasta el infinito). El recién nacido siente placer o enfado con el desasimiento, porque en realidad se trata de su madre a la que lanza y vuelve a recoger.

Cada manipulación y abandono del objeto es una tentativa más de demostrarse a sí mismo que puede hacerlo sin peligro. Puede jugar con todas estas variaciones sin perderse, sin “terminar” nunca. Si esto es posible, entonces el recién nacido estará preparado para crecer.

La psicología infantil habla del tener/no tener, contacto/no contacto como de un conjunto indisociable de placer y frustración que mantiene el equilibrio del ser humano.

La alternancia y sus variaciones dinamizan al individuo porque le permiten experimentar sobre la permanencia y la intermitencia de la vida, de aceptar el pleno/vacío como realidad de dos caras, opuestas y complementarias. (El lleno de calor exige el vacío de calor para que no haya saturación y asfixia, del mismo modo que el ser humano necesita el día y la noche para vivir…) Si el adulto no ha adquirido esta experiencia, parece ser que su vida es una sucesión de idas y venidas mal digeridas, de comienzos y finales mal percibidos, de demandas y renuncias mal vividas. La expresión común “lanzarse al mundo” simboliza este aprendizaje de la separación, trampolín de la vida.

Por parte de las niñas

El recién nacido no es ese ser angelical, asexuado, que todas las imaginerías se empeñan en modelar. Si fuese así, la madre no sabría diferenciar entre su hijo y su hija, no sabría demostrarle más o menos interés, no lo reconocería más o menos. La realidad es otra, y el recién nacido por su sexo está condenado a la admiración o a la indiferencia.

  • Algunos estudios sobre el amamantamiento han mostrado que el 34% de las madres “se niegan a dar el pecho a las niñas porque consideran esta práctica como un trabajo forzado o porque por razones de trabajo no pueden”. ¿Sin duda la madre juzga que su niñita, espejo de ella misma, madre futura, es lo suficientemente mayor para ser destetada antes?
  • Brunet y Lezine han observado que “todas las niñas fueron destetadas definitivamente con tres meses y la lactancia mixta ha comenzado con un mes y medio, mientras que el 30% de los chicos fueron amamantados más allá del tercer mes, y para un 20% de ellos la lactancia mixta duró hasta más allá del octavo mes. El biberón se le suprime a las niñas el decimosegundo mes en media, el decimoquinto a los niños. La duración de la mamada con dos meses es más larga en los niños (45 minutos) que en las niñas (25 minutos). Elena Giani Belotti escribe:

§ “El hecho de ser alimentado con el pecho, por un período lo suficientemente largo, no representa una ventaja puramente física, sino también psíquica. Significa para el niño la prueba tangible de la disponibilidad del cuerpo materno respecto a él, y a cambio la importancia de su propio cuerpo”.

§ “Es el condicionamiento de las mujeres, al que pocas de entre ellas se sustraen, el que impone que se le dé al niño la mejor parte. El mammismo es un fenómeno que se produce hacia el chico y no hacia la chica. Dar de mamar otorga cierto placer erótico, más aceptado y “normalizado” si ese placer experimentado es por medio de un pequeño macho”.

  • Siguiendo la misma idea, las caricias son menos frecuentes y menos prolongadas para las niñas que para los niños, los juegos de la madre con el sexo de su bebé (caricias, masajes) dependen de su “nomenclatura” sexual. Algunos estudios realizados entre los japoneses por sociólogos y sexólogos (estudios que encuentran su resonancia en Occidente) relatan e interpretan así la relación madre/bebé y, en seguida, la diferenciación sexual madre/niño, madre/niña.

§ “El bebé tiene un contacto corporal muy estrecho con su madre hasta que está en edad de caminar. Incluso se masajean los genitales de los niños para producirles placer. Y, sin transición, tiene que aprender a aceptar los tabúes de la comunidad. Esta brusca ruptura hacia los dos años en las costumbres del bebé crea una frustración intensa. En los niños japoneses, toma la forma de crisis de cólera que tiene derecho a expresar verbal y físicamente sobre el cuerpo de su madre, pero no sobre el de su padre. Por contra, los accesos de cólera le están formalmente prohibidos a las niñas. Para el niño, la venganza contra las frustraciones táctiles puede realizarse en forma de sadismo (guerra-tortura) o suicidio. Para la niña que vive con sus inhibiciones, es la histeria”.

§ Cotidianamente, las niñas son objeto de hostilidad y de discriminaciones afectivas, corporales y sexuales por parte de su madre. Inclinada con más entusiasmo hacia los chicos en todas las sutilezas del contacto y el amor que son los intercambios amorosos, la madre aliena y reprime a su hija. Olvida que su hija posee un sexo (¿la madre habrá olvidado que ella también lo tenía?), envuelve a la niña en un velo de misterio. Misterio para la madre, misterio para la niña, la mujer en potencia se pierde y se ignora.

Desde hace algunos años asistimos a una revolución sociocultural importante del papel del padre hacia sus hijos y sobre todo hacia los más pequeños. Los padres que dan biberón, cambian a sus niños, lo llevan al pediatra, no son ya excepciones y los medios de comunicación los llaman “los nuevos madres”, “padre-madre”, “padre-gallina”. Se ocupan de los cuidados de sus hijos e incluso de otros niños en el caso de los hombres educadores que trabajan en guarderías.

E. Badinter, en “¿Existe el instinto maternal?” se pregunta sobre la noción del instinto maternal inscrito en el código genético de la mujer. ¿Y si la fibra maternal fuese universal? ¿Y si los padres ya no quieren seguir siendo la autoridad, el padre que juzga y castiga cuando vuelve a casa?

Tras varios años de grupos de mujeres, lugares donde las mujeres hablan sobre sus asuntos cotidianos (sobre el reparto de los roles masculino-femenino, sobre la anticoncepción, el aborto, la educación, etc.), han aparecido grupos de hombres. Nuevos militantes, hablando sobre los actos concretos de su vida, estos hombres han participado en los experimentos recientes en Francia de anticonceptivos hormonales masculinos, han difundido información sobre la vasectomía, han creado asociaciones de padres divorciados que reclaman la custodia de sus hijos con otros criterios distintos al tradicional a priori “la madre es más apta para ocuparse de los niños”.

En un contexto menos militante, padres de profesiones variadas disfrutan de bajas de paternidad, se ocupan de sus bebés y de la casa mientras sus mujeres van a trabajar y vuelven tarde a casa. Y en un programa de televisión reciente sobre la custodia de los niños tras un divorcio, un padre entrevistado con su bebé de pocos meses hablaba sobre lo fácil que le resultaba ocuparse de su hijo y del gran placer que le proporcionaba. El éxito de la serie televisiva titulada “Papá-gallina” significa que las fronteras entre lo masculino y lo femenino son menos nítidas actualmente.

Leer aquí la parte 1, la parte 2: La mano y la parte 3: El Yo-Piel.

Fotografías de Red Canguro.

Acerca de Red Canguro:
La Red Canguro, Asociación Española por el Fomento del Uso de Portabebés, es una asociación sin ánimo de lucro que se estableció en noviembre de 2008 con los fines de fomentar el uso de portabebés entre madres y padres y cualquier persona interesada, difundir información relacionada, servir de contacto y apoyo a personas que deseen iniciarse en el mundo de los portabebés, alentar el encuentro e intercambio de información y experiencias entre personas usuarias de los mismos, aumentar el nivel de conocimientos sobre el porteo de bebés en castellano y fomentar y difundir la crianza con apego. Para más información sobre estos temas, visita: http://redcanguro.org

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4 comentarios

  1. Salud! menudo artículo, las 4 partes, eh? y menudo curro Abre. Gracias!!
    Por cierto, ese papi me vuelve loca!!
    besitos.

  2. Buenisimo el articulo y muy interesante. Gracias

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