Dos pasiones unidas por un portabebés

Artículo redactado por Iran Alzugarai para Red Canguro

Caminar en silencio. Escuchar un pájaro. El rugido de una cascada helada. Millones de gotas de lluvia golpean mi capucha. Sol. Viento. Ramas que crujen bajo mis pies. Raíces de cien años abrazan el suelo. Las hojas bailan al ritmo de la brisa. Un sueñecito a la sombra de un roble… o de un haya. Buitres que reinan los cielos. Una chova rompe el silencio… me observa… ¿quieres un cacahuete, chova?. Lirios, merenderas, margaritas, amapolas. Escalofríos en el cuerpo, un gélido amanecer. Acariciar la roca…un paso más. Dormir al raso, en un hotel de mil estrellas. Un silbido…la marmota. Rocas inertes, y, sin embargo…¡me dais tanta vida! Un arroyo me susurra…ven….y yo no tengo otra opción que decir….ya voy….

Durante bastantes años, todo mi tiempo libre lo he dedicado a la montaña; dentro del nivel mediocre del que nunca he podido salir, ésta me ha dado todo para ser feliz: libertad, seguridad, respeto, compañerismo, superación, belleza, disfrute a tope para todos los sentidos… y mucho más.

Cuesta apearse de ese modo de vida que nos lleva a viajar en furgoneta de aquí para allá en busca de retos, paisajes, paredes y cascadas de hielo… pero para todo hay un momento en la vida y hace 2 años nos planteamos cambiar de etapa, tener un hijo e intentar seguir siendo felices en la vida compartiendo con él nuestro camino, y volver en lo posible al monte para recorrerlo también con él.

Como el que quiere aferrarse hasta el final a aquello cuya pérdida siente cerca, durante mi embarazo no dejé de esquiar (al principio solo), ir al monte y escalar, pues sabía que después de nacer mi hijo habría, si no un parón, sí un frenazo importante en nuestras actividades.

20 días antes de nacer Jurgi escalé por última vez y 2 semanas antes de nacer subí al monte bajo una lluvia de verano, feliz como siempre. Prácticamente sentía que ya estaba compartiendo con mi niño mi otra pasión.

Fue estos días cuando descubrí, indagando por Internet, la existencia de portabebés ergonómicos y la web de Red Canguro, y enseguida me agencié una mochila y me hice un fular casero para probar si aquello de los nudos iba conmigo. Vi claramente que el portear a mi hijo me permitiría llevarlo conmigo allá donde fuese.

Como el parto y la recuperación fueron bien, no tardé en empezar de nuevo a entrenar un poco en el rocódromo, creo que 13 días. Pero aprovechando que era aún verano, yo quería salir al monte con Jurgi, así que al mes fuimos a escalar al monte y me lo llevé en su fularcito a rayas bien acurrucado. Desde entonces, aunque en invierno no hemos salido mucho, los portabebés han sido lo que nos han permitido disfrutar con libertad y sin límites de cortos y largos paseos, de escaladas entre amigos, de ascensiones a montecitos para que Jurgi aprenda a ver qué grande y bonito es el mundo, dónde viven los animales, lo redondas que son las piedras de un río, y que hay días en los que en un mismo cielo están el sol y la luna compartiendo escenario (lo que aún no ha aprendido es que por mucho que los pida no se los podemos coger).

Jurgi aún no ha cumplido un año, y nuestra experiencia con portabebés se puede considerar limitada en comparación con muchas de vosotras (en esto también tenemos un nivel mediocre, jeje), pero intentaré contar mi experiencia por si sirve para alguien:

  • – Lo primero, los portabebés que mejor van para caminatas y excursiones por el monte son los de 2 hombros, anudados simétricos en fular, mei tais y mochilas. Creo que las bandoleras cargan demasiado sobre un hombro y trabajan muy asimétricamente el cuerpo como para llevarlas largo tiempo y más si vamos a estar subiendo cuestas o caminando por terrenos no muy lisos.
  • – Yo no he usado el fular para caminatas largas, como mucho 2 horitas en el monte (en la calle más) y siempre delante, ya que aún no me apaño con los nudos a la espalda. Lo usé mucho cuando Jurgi era pequeño para llevarlo delante y me permitía llevar una mochila de monte detrás. Una vez en el monte, siempre da mucho juego para sentarse encima, hacer de toldo para el sol, de manta para la siesta y mil cosas que se nos ocurran.
  • – El mei tai lo he usado mucho, delante y sobre todo detrás. Delante, al atarse bajo el pecho, permite llevar otra mochila de monte a la espalda y atar su cinturón cómodamente, ya que la cintura del mei queda más alta y no se solapan. Para llevar a la espalda me parece muy cómodo, yo tengo un mei de fular, lo ato con acabado tibetano y el niño va bastante alto para poder ver cosas. Cuando se duerme le pongo un pañuelo de cuello para sujetarle la cabeza, ya que mi mei no tiene sujeta-cabezas
  • – La mochila la usamos mucho cuando es el padre el que va a llevar a Jurgi (no se acaba de apañar con los nudos) y cuando no hace mucho calor. Tenemos una ergo negra, la verdad es que da calor, pero bueno, por ahora nos hemos apañado bien. Nos da más calor a nosotros que al crío, al tener cintura y tirantes tan acolchados. Yo le quité el etiquetón que llevaba dentro de la cintura, que al fin y al cabo era un pedazo de plástico que llevábamos pegado a las lumbares. La mochila delante no es tan cómoda a la hora de combinar detrás con otra mochila de monte, ya que se solapan tirantes muy acolchados y cinturones, pero bueno, mochilas pequeñas sin cinturón sí que se pueden llevar.

En cuanto a complementos, son imprescindibles ya sean para proteger de SOL, CALOR, FRIO, VIENTO o LLUVIA.

  • -Contra el frío está bien abrigar al niño, pero con lo justo, teniendo en cuenta que nuestro cuerpo y el portabebés ya le añaden una capa extra a su vestimenta. Es más práctico llevar un cobertor o cubrirle con algún abrigo nuestro, toallita o mantita, antes que meterle en el portabebés embutido en ropa y luego que sude mucho y no le podamos quitar ropa sin sacarlo del portabebés. Unas manoplas tipo saco, de las que no llevan ningún dedo y van unidas por un cordón, calentadores y gorro son muy prácticos para el quita-pon cuando hace más que fresco.
  • -Contra la lluvia, bueno…¡intentar que no nos pille sobre todo! Y si nos pilla llevar un paraguas pequeño plegable, que además los venden con filtro anti UV y hemos probado que quitan muy bien el sol y no dan calor, los hay muy pequeños y ligeros. También se puede llevar un cubre-mochilas grande, los venden para cubrir mochilas de monte cuando llueve, pero se pueden usar para cubrir al niño cuando llueve con viento de ese que nos mete la lluvia por los costados y no hay paraguas que valga para taparle el cuerpo. Un chubasquero nuestro también puede valer.
  • -Contra el calor es quizás lo que más vamos a necesitar, ya que la mayoría de veces intentamos salir al monte con buen tiempo. Son cosillas de sentido común, que tampoco hacen milagros y al final a veces toca pasar calor y sudar, pero si se puede reducir riesgos de quemaduras de sol, deshidratación etc… ya habremos hecho bastante. Para esto se me ocurre: usar crema de protección muy alta para niños y dársela a menudo, gafas de sol si las acepta, usar gorras o viseras de ala ancha, paraguas anti UV si no quiere la gorra o si hace mucho calor, evitar horas de máxima radiación saliendo temprano o por la tarde, informarnos siempre de la meteo (ahora es muy fácil con Internet), y de cómo es la ruta que seguiremos, para saber si hay fuentes, sitios con sombra, bosques, ríos…donde poder refrescarse y hacer una paradita. Darle mucho líquido, llevarle con ropa ligera y de tejidos naturales y llevar ropa para cambiarle en las paradas, pues lo más probable es que le mojemos la zona de la tripa con nuestro sudor. Mientras paramos a comer o explorar cositas, le cambiamos y dejamos la ropa húmeda secando al sol en alguna piedra o la colgamos en la mochila de monte que llevará la otra persona para que se seque mientras andamos. Mejor esto que meterla húmeda en una bolsa, quién sabe si tendremos que volver a cambiarle por lo que sea. Si hace calor también podemos llevarle los pies al aire o con calcetín fino mientras esté en la mochila y ponerle el calzado en las paradas.


Una cosa de la que me he dado cuenta comparando mochilas ergonómicas (u otros portabebés ergonómicos) con las típicas mochilas de monte, es que el niño nunca irá más alto que nosotros, su cabeza no sobresale y esto nos evitará sustos o el tener que agacharnos de más a la hora de andar por bosques con algunas ramas bajas, o alambradas que se pasan por debajo etc… Sólo tendremos que calcular que el niño va a nuestra misma altura como mucho, y creo que esto añade algo de seguridad al asunto. Por esta razón, a veces llamamos a esas mochilas de monte mochilas “come-ramas”. Aparte, en portabebés ergonómicos se lleva al niño muy cerca de nuestro centro de gravedad, lo que evita situaciones de desequilibrio en caso de pasos estrechos, cruzar un río sobre piedras o agacharnos y levantarnos. Las mochilas de llevar material al monte siguen el mismo principio. Al hacer el equipaje hay que poner las cosas pesadas cerca del cuerpo y nunca arriba del todo, para llevar al peso pegado a nosotros y que no nos cambie mucho el centro de gravedad. Al contrario que este principio, las mochilas come ramas hacen que el niño vaya separado y muy alto, aparte de que de por sí pesan más que las ergonómicas, y esto es negativo para el equilibrio y para la salud de nuestra espalda!!

Cuando el niño se baja del portabebés ergonómico, éste apenas pesa ni ocupa, por lo que no nos importa llevarlo encima o enrollarlo y meterlo en la otra mochila que lleva el compi, pero a ver dónde meteríamos una de las otras “come-ramas”!

He visto maleteros donde estas mochilas de hierros y el cochecito del niño ocupaban ya todo el espacio. ¡no sé dónde llevarán el resto de equipaje! Sin embargo un mei tai y una mochila o un fular bien doblados caben en cualquier lado.


Y poco más que añadir, o quizás mucho más, pero bueno, el resto se va haciendo con la experiencia. Un día sales y echas en falta una cosilla, otro día le das un buen uso a otra que no pensabas, y al tercero de nuevo a improvisar algo. Eso sí, en el monte, no debemos pecar nunca de llevar “porsiacasos” y sobre todo con niños, más vale que sobre que no que falte.

Lo de pasarle el sudor de nuestra espalda no parece ser problema para ellos pues mientras caminemos les mantendremos calientes, pero nosotros también intentaremos no llevar demasiada ropa, que esta sea transpirable y también se seque en las paradas y caminar a ritmo pausado. Cuando el niño quiera bajar respetaremos también sus ratitos de exploración y descanso, aunque no vayamos a hacer un tiempo record de rapidez en la excursión. Es mejor planear cosas no muy largas y que tengamos horas de sobra para pararnos, mirar cosas, comer, cambiar el pañal, que ande un poco… así también será más agradable para él, ya que también se trata de inculcarle el gusto por la naturaleza y el monte. Nosotros al menos, al niño no lo llevamos con nosotros al monte porque no tengamos dónde dejarlo, sino porque realmente queremos compartir con él estas experiencias y que se le contagie poco a poco la afición, que bien la merece.

Nada me haría más feliz que dentro de unos años le gustase la montaña tanto como a nosotros y cuando ya abandonemos los portabebés sea para que siga nuestros pasos (y nosotros los de él) y que algún día se ate al otro extremo de la cuerda que me ate yo. Eso es mucho soñar todavía, y es cierto que si nos sale “anti-monte” también lo respetaremos, pero bueno…el monte lo puede vivir cada uno a su manera, puede ser un paseo de 20 minutos por un parque verde, un bosque o una gran ascensión, pero yo al menos siempre vuelvo con la sensación de que he ganado algo muy bonito.

Por eso creo que llevándolo cerquita nuestro, que es donde mejor están, es como mejor podemos enseñarles lo bonita que puede ser la vida…compartiéndola claro!




5 comentarios

  1. Un articulo muy emotivo y practico, y unas fotos preciosas para alegrarnos la vista.

    Gracias!

  2. Iran, lo has contado hermoso, cómo una poeta. Dan ganas de armar la mochila e irse de viaje. Qué bueno que hayas encontrado la manera de realizar tus ilusiones.

  3. Precioso reportaje, desprende sinceridad, frescura, amor… Me ha encantado de verdad, y además es muy práctico y revelador! 😉

  4. Silvita
    Precioso el articulo, coincido con Irene ;poetico,practico,en fin hermoso.Te animo a probar el fular a la espalda 🙂
    Saludos

  5. precioso! nosotros haremos mañana nuestra primera salida al monte con una bandolera, a ver si con tus consejos es un dia inolvidable

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