Porque sí, porque me gusta

Artículo redactado por Carlos Sacanell, papá canguro 2011, para Red Canguro

Porque sí, porque me gusta. ¿Hace falta otra razón?

¿Qué necesidad hay de explicarse después de semejante declaración de principios? Bueno, lo intento. Me gusta estar cerca (bien cerca) de mis hijos.

En invierno, sin dudarlo. Sentir ese calorcito humanito cuando dormimos juntos la siesta me dan ganas a mí de dormir. Las palmas de sus manos apoyadas en mi pecho, mirarlos como respiran con sus ojitos cerrados… pero todo esto es una explicación racional, ¿o no? Digo, si yo disfruto de esa cercanía, del contacto, ¿cómo no voy a fomentarlo cada vez que pueda? ¿cómo no voy a aprovecharlo? ¿cómo no voy a cangurear?

En verano la situación se vuelve más compleja. El calorcito ya no suena tan tentador, la pequeña película de transpiración que se forma entre el costado de su dulce carita y nuestro pecho, la respiración cálida que nos golpea la cara, los aromas del cuerpo humano (no serán iguales a los de un adulto, pero ¿acaso no los tienen ellos también?), o al cargarlos en el Mei Tai (sin duda mi favorito) sentir cómo mi espalda se va llenando de pequeñas gotitas un tanto agobiantes, sumado eso al calor que la tela misma nos da a ambos (caguro y cangureado)… Y sin embargo lo sigo haciendo. ¿Debería abandonar mis pequeñas siestas familiares por una nimiedad como el sudor de mis pequeñuelos? No, ¡de ninguna manera!

Mmm… la razón parece ir perdiendo su lugar en el presente texto. ¿Debería dejar de cargármelos en la espalda nada más que porque un poco de calor me molesta?

En éste caso deberíamos preguntarnos: ¿la molestia es tan grande como para perderse un momento único (como lo es cada instante que pasamos con ellos) en la crianza de nuestros hijos? ¿Hago primar la comodidad o doy más valor a lo que creo mejor para nuestra relación? Sí, sigue siendo fundado, no nos hemos perdido aún, aunque ya haya entrado la decisión personal en el discurso, aún estoy pensando como un padre racional, tomo decisiones a partir de lo que mi mente considera más adecuado ¡ajá!

Pero para ser sincero, hay otras razones (¿?) por las que ejerzo y defiendo el cangureo:

Me encanta ver la cara de la gente que al principio no entiende, sonríe semi simpática pero dudosa (“… ¿de verdad te parece más cómodo que el carrito?…”), sin saber si lo hago por falta de dinero (“… ese pedazo de trapo lo debe haber sacado de una cortina…”) o por falta de neuronas funcionales. Es cierto, hay gente a la que le gusta, pero en primer lugar, esos no me mueven a ser más radical en mi pensamiento / accionar canguro, y en segundo lugar, cuando a estos últimos les hemos ofrecido alguno de los trapos para que los prueben, se han negado amablemente, o los han usado una vez como para justificar su impensado elogio y lo han devuelto al instante (“… no, la verdad a mi no me funcionó, pero sí, está buenísimo…”).

Incluso dentro mi familia los comentarios negativos me mueven a cangurear con más gusto, como un hijo adolescente que hace lo contrario de lo que sus padres quieren (¡sí, ¿y qué?!):

“¡Ay nene, te va a quedar la espalda a la miseria!…”
“Te digo la verdad, estamos todos muy asustados cada vez que te los colgás así…”
“¡Ponete un almohadón detrás que lo vas a aplastar contra el respaldo de la silla cuando te sentás!”

O el pediatra, al ver llegar a mi hija de 4 años al consultorio (a upa, obviamente):

“¿Esa nena camina, no?”

Ahora sí, me estoy alejando un poco del pensamiento lógico, trataré de retomar… Pero es que a veces hasta me indigna, es decir, me han comparado el hecho de viajar en ómnibus con portabebés confrontándolo con el carrito, y… ¡afirmando que el carrito es más cómodo en esos casos!

Puedo imaginar la escena: la madre sola con el niño sentado en el carro esperando el ómnibus en la calle (hasta aquí perfecto), cuando el vehículo se acerca, la madre comienza (tres cuadras antes de que llegue el colectivo) a levantar a la criatura, por lo que tendrá una sola mano para doblar y cerrar el carrito (usar el diminutivo no lo hace más manejable, ¿no?) sin pensar en que además el otro brazo está cargando un (en el mejor de los casos) hermoso y tranquilo bebé de (digamos) entre 4 y 12 kilos (los habrá más pesados, pero sirve el promedio). El ómnibus se detiene, por supuesto nadie se ofrece a ayudar a la pobre jovencita madre primeriza (me gusta así, dramático), y no sólo eso, sino que comienzan a pasar delante de ella, en vista de que no va a avanzar aún. La madre comienza a sudar y a pedir al amable chofer (que no la ha mirado todavía, aunque sí la ha visto) que tenga la amabilidad de esperar. El chofer suspira (aún sin mirarla), los pasajeros se impacientan (“…como si yo tuviera la culpa de que quiso traer un niño más al mundo…”) pero por fin, milagrosamente, la madre, el bebé y el carro están arriba de un abarrotado ómnibus, buscando donde sentarse (quiero creer que alguien va a ofrecer el asiento a esa pobre chica), dónde ubicar el bendito carro, y el niño (sí señor) comienza a llorar… ¿sigo?

Cuánto más distinto y placentero es estar esperando el colectivo feliz, con mi hijo a upa, cantándole un rock and roll, riéndonos y charlando, subir tranquilamente al colectivo, sacar boleto y observar las miradas de las señoras, que a la vez suspiran “¡Mirá que lindos!”

Por otra parte, y ya entrando en el ámbito autobiográfico, mis hijos son excesivamente (supongo que ésta palabra no le gustará a mi esposa) apegados a nosotros, lo cual no sólo quiere decir que nos prefieren, sino que además, no se quedan con cualquiera (“… claro, como los llevás siempre a upa, no se quieren quedar con nadie, falta que duerman todos en la misma cama…” a lo que respondo: “Es que, mamá… dormimos todos en la misma cama”-risas incrédulas).

Pero por supuesto, el resto del universo sí tiene sus razones para no llevarlos a upa, para que duerman solitos en sus habitaciones; como por ejemplo, que tienen que tener su lugarcito (¡¡¿a los 3 años!!?) o que no quieren criar caprichosos.

Podemos tal vez dejar de arroparlos cuando nos piden o no darles de comer (ya que entramos en lo alimentario, vale alguna mención de las caras desaprobatorias cuando mi esposa sigue dando teta ¡todavía!), seguro que piden por capricho. Tienen que aprender a vivir como ciudadanos de bien, pero mientras tanto, ¡régimen militar! ¿Es que su vida todavía no ha comenzado acaso? (fuertemente contestarán, ¡Claro que no!)

Creo que finalmente no puedo racionalizar nada de esto, es más, pienso y pienso y me voy poniendo cada vez menos justificador de mis gustos (sí, gustos), además de los gustos de mis hijos (no se han quejado todavía de andar cargados o dormir con sus padres).

Lo hago por eso, porque es lindo, porque me gusta y porque no quiero soñar en lo que voy a disfrutar en el futuro con mi familia, quiero disfrutar hoy, que sé yo, parece que al final, todos disfrutamos bastante.

Carlos Sacanell
Awarded “Arturo papá canguro” 2011

13 comentarios

  1. Absolutamente cierto y precioso. No puedo estar más de acuerdo en todo y nos sentimos totalmente identificados. Felicidades por sentir así, por esa maravillosa familia y por el precioso artículo. Besotes.

  2. Me ha encantado! es que es tan cierto todo lo que dice Carlos!
    Vamos que no hay nada como llevar a tu hijo pegadito, y no hacen falta explicaciones, simplemente porque nos da la gana y nos gusta 😉

  3. ¡Olé, olé y olé por ese papá canguro! Me encanta lo que dice y cómo lo dice, con la lagrimilla asomando me tiene… ¡Besos familia!

  4. Me chifla.

  5. “Me chifla” es lo mejor que he oído (leído) en mi vida. Gracias!

  6. esta genial !!! ole este papa canguro … gracias y me encanto el final , una buena moraleja 😉

  7. Qué decir!!!! Que me encantó!!!!!

  8. ¡Uy, cómo me ha gustado! Gracias por compartirlo 🙂

  9. me encanta!!!! tendria que haber muuuchos mas papis como tu!!! es taaaaaaa bonito llevar aupa a los bebes… a mi nena parece encantarle tambien jejejej

  10. Me ha encantado.
    Si es que es verdad, si a los papis/mamis nos gusta y a los niños también, para que vamos a estar buscando más razones?

    Enhorabuena a ese super papi canguro

  11. Me acabo de enamorar!!!!…De una historia tan cieeeerrrta!

    Gracias por no hacerme sentir un bichillo raro por querer llevar a mi pequeña siempre conmigo y dormir con ella.

    Gracias a todos!!!!

  12. Yo siento lo mismo!!!!
    no quiero separarme de mi bebé y queeee???

  13. Felicidades, bonito artículo. No puedo estar mas de acuerdo.
    Saludos de una mami cangura!

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