Jonás y su fular: “…era impensable no llevar a un bebe tan pequeñito y frágil en contacto con mi cuerpo”

Una super mama, de familia numerosa, gracias por tu generosidad, realizar el esfuerzo de escribir este relato y recordar esos momentos difíciles y a la vez tan tiernos.

Jonás y su fular

Jonás nació tras una cesárea de urgencia muy accidentada en la semana 33+2 de embarazo.

Era un niño grande pues pesó 2 Kg. q para su tiempo de gestación estaba muy bien, pero aún así estaba a medio hacer… no tenia casi uñitas, ni cartílagos en las orejas, su piel era tan transparente que se le vislumbraba el tejido de debajo… era un pequeño murcielaguillo con muchas ganas de vivir…

Yo estuve en la UCI durante tres días y Jonás estuvo en la incubadora con ciertas dificultades para respirar y estabilizar su pulso… al tercer día me llevaron a conocerlo.

Pensé que como tenia un montón de cables conectados sólo me dejarían meter la mano en la incubadora y tocarlo un poquito, pero en el hospital donde nació eran muy partidarios del contacto piel con piel y de los cuidados madre-canguro así que cuando llegue, le desconectaron algunos cables (otros no se podía), me dijeron que me abriese el camisón y lo pusieron desnudito sobre mi pecho… ¡¡¡fue la experiencia mas maravillosa del mundo!!!… nos reconocimos, nos olimos, nos chupamos y lloramos de estar por fin juntos… noté su calor y su corazoncito y él por fin se sintió en paz al estar con mamá y no sentirse solo y desamparado… recuperamos el tiempo perdido y Jonás estabilizo el solito su respiración y pulso no volviendo a necesitar ayuda externa mientras estaba conmigo.

En la UCI de neonatos, nos permitieron estar todo el tiempo que quisiesemos juntos, piel con piel y lactando a demanda.

Yo ya había porteado a mi hija Gala, aunque empecé cuando ella tenia unos 6 meses… pero ahora con Jonás había pasado de ser un opción mas a una autentica necesidad… Sigue leyendo

La exterogestación y la necesidad de ser llevado

El mejor lugar después del vientre materno.

Artículo de Elizabeth Antunovic (©2009 NAP, Inc.). Traducido por Kangura.com
Introducción

Un canguro se queda en su bolsa hasta que su gestación exterior o exterogestación está completa y es capaz de alejarse de su madre por su cuenta. Al igual que un canguro, los bebés humanos nacen también inmaduros. De hecho, los bebés humanos siguen siendo en realidad más desvalidos que las crías de cualquier otra especie, y como algunos marsupiales también deben pasar por un período distinto de la gestación fuera del útero. Aunque el nacimiento puede ser visto como una separación de la madre y el bebé, los bebés necesitan ser mantenidos en los cuerpos de sus madres después del nacimiento. Este período de gestación exterior tiene que ser respetado ya que no es sólo una cuestión sentimental, sino una cuestión con un impacto profundo en el desarrollo físico, emocional y psicológico del niño.

La gestación fuera del útero-“La gestación Exterior”

La simple observación de un recién nacido clarifica su naturaleza indefensa. Necesita calor y alimento. No puede alejarse del peligro y no puede usar palabras para comunicar sus necesidades. Tiene el reto de usar su sistema nervioso para comprender el espacio y su relación con él, respirar por sí mismo para hacer circular el oxígeno y nutrientes a todo su cuerpo; para comer, digerir y eliminar residuos. Es evidente que el recién nacido pasa por una transformación que no se produce instantáneamente, sino gradualmente, mayoritariamente durante el primer año de su vida. Durante este tiempo debe ser llevado a todas partes. Todavía tiene un largo camino por recorrer antes de que pueda gestionarse por sí mismo. Esta relación simbiótica entre la madre y el bebé está “naturalmente diseñada para ser aún más intensa e interoperativa después del nacimiento” que durante su gestación en el útero (Montagu, 1988, 75).

“El nacimiento no sólo constituye el comienzo de la vida de la persona sino que conlleva el final de la gestación. El nacimiento representa una serie compleja y muy importante de cambios funcionales que sirven para preparar a los recién nacidos para el paso por el puente entre la gestación en el útero y la gestación que continuará fuera del útero. “(Montagu, 1986, 57)

El bebé debe ser alimentado de una forma que represente lo más posible la intimidad del embarazo hasta que la gestación “exterior” (“gestatio”- latin, llevar o transportar) se ha completado. Esto significa que el bebé debe estar en proximidad constante con su madre, ya sea en los brazos de su madre o en contacto con el cuerpo de su madre gracias a un con un trozo de tela u otro portabebé.

Continuando la relación entre madre e hijo

A pesar de que los bebés son llevados por sus madres en la mayor parte del mundo, cada vez más diminutos bebés pasan la mayor parte de sus días solo en incubadoras, asientos inflables y cochecitos y pasando sus noches solos en moisés y cunas privados del contacto y la presencia de su madre. La naturaleza no lo planteó para que fuera de esta manera. Una madre y su bebé están fuertemente predispuestos a esperar unidos y a continuar con esa unidad después del nacimiento.

“A pesar de que las experiencias intrauterinas pueden ejercer una influencia sobre el desarrollo posterior del niño, las experiencias que tiene aproximadamente durante los diez meses después del parto son de mayor experiencia… una relación simbiótica permanente entre madre e hijo diseñada para perdurar un “continuum” sin interrupción hasta que el peso del cerebro del bebé se ha más que duplicado “(Walsh).

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¿Cómo llegué a ser Mamá Canguro? Por Mónica Zambrano: “la experiencia más increíble de toda mi vida”

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Mónica Z., Lima (Perú)
Cuando me enteré que había quedado embarazada sentí muchísima alegría, pero también preocupación por mi historial médico (varios miomas uterinos, el más grande como de 10 cm). Mi ginecólogo me dijo desde el comienzo que mi embarazo no seria fácil, pero que con cuidado lo lograría.

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