¿Cómo llegué a ser mamá canguro? por Dámaris: “pero sentir su respiración lo compensa todo“

Dámaris, Tarragona.

Soy Dámaris y tengo dos nenas, Marta, de casi tres añitos, e Isona, de 7 meses.

Cuando me quedé embarazada de Marta hice lo propio, lo común. Miré y remiré decenas de cochecitos, de hamaquitas, y cosas de este estilo. Elegí el cochecito que mejor se adaptaba a nuestras necesidades, como dicen en los anuncios. Nos regalaron una mochila tipo BabyBjörn de Red Castle, pero me dolía mucho la espalda y no la usamos.

El tiempo pasó y me quedé embarazada de nuevo. Cuando nació Isona, yo formaba parte de un grupo integrado por unas mamás de crianza más natural, y hablaban a menudo del foro de Crianza Natural. Un día entré para preguntar sobre la relactancia y me quedé. Fui descubriendo muchas cosas, entre ellas, los portabebés. La primera vez que ví o leí sobre los portabebés tradicionales, reconozco que pensé “eso son cosas de hippies” y lo dejé pasar, ni siquiera me planteé que pudiera ser una opción para nosotras.

A pesar de ello, me fui aficionando a la sección de portabebés, veía las fotos con los niños tan contentos, tan relajados… Cada vez que veía una foto, me decía que quería probarlo, pero  me negaba por tener ciática, creía que seria tirar el dinero. Pero bueno, al final me decidí y a la espera del fular y del mei tai que compré, me hice un fular casero. Sigue leyendo

¿Cómo llegué a ser mamá canguro? por Inma C.: “Tenerla en brazos me reconfortaba”

Inma, Estepona.

Cuando iba a nacer mi hija, que ahora tiene 8 meses, al hacer la canastilla, como la mayoría, compré el carro con todo incluido. Ahora forma parte de la decoración del pasillo de casa.

Desde niña me llamo la atención de coger a los bebes en brazos y siempre me regañaban porque decían que se acostumbraban y era malo . Pero al nacer mi niña, me dí cuenta de que tenerla en brazos me reconfortaba, me sentía más tranquila y ella dormía más tranquila también.

Pero, claro, al salir a la calle no la podía llevar siempre en brazos, y en casa no les parecía bien que me comprase una BabyBjörn, por el tema de la espalda y demás. Pero me puse a buscar información en Internet y entré en la web de Crianza Natural, de la que ya tenía referencias por mi matrona Teresa, y que con anterioridad había visitado. Al tiempo, me registré y adquirí un pouch por medio de otra forera. Y, desde entonces, mi hija sale sólo en portabebés a la calle. Cuando, por algo, la hemos tenido que sacar a la calle en el carrito, no lo quiere. Pero es normal: se ha acostumbrado a ir cerca de mami.

Y en casa, al poco, se acostumbraron, y mis hermanos la sacan a la calle con el pouch. Mi madre es un poco mas reacia.

¿Cómo llegué a ser mamá canguro? por Núria: “Me ayudó mucho con los cólicos”

Al nacer mi hijo mayor, que ahora tiene 4 años, compré una bandolera de Crianza Natural. Había leído en los foros de las ventajas de los portabebés y quise comprobar si realmente iba tan bien como decían. Realmente la encontré muy útil, casi siempre iba con él en la bandolera y cuando tenia que tomar el carrito por cualquier cosa, la llevábamos guardada porque tarde o temprano los bebés se cansan del carrito y quieren brazos y así era mucho más fácil. Me ayudó mucho con los “cólicos”, los llantos inexplicables, o los llantos de sueño, porque era ponerlo en la bandolera y calmarse (casi siempre) o quedarse frito.

Usamos la bandolera hasta que mi hijo mayor tuvo unos 2 años y siempre le he tenido un cariño especial porque fue una gran ayuda en la crianza de mi hijo y me abrió la puerta al mundo de los portabebés. También compré una Ergo para ir a la espalda cuando ya era mas mayor pero no acabó de gustarle. Creo yo que es porque estaba acostumbrado a ir a la cadera y no le gustaba ir atrás porque no me veía la cara. Sigue leyendo

Portabebés: Respuesta a las Preguntas más Frecuentes

¿Qué portabebé elijo?
¿Y si tengo problemas de la espalda? ¿Y no me voy a cansar?
¿Es muy caro?
¿No es más cómodo llevar un carrito?
¿No es un atraso, cuando tenemos cosas más modernas? ¿No es cosa “de hippies”?
¿Qué es un fular exactamente? ¿Un “trapo” largo no haría el mismo efecto?
¿Es fácil usar un fular porta-bebé?
¿Durante cuánto tiempo puedo portar a mi hijo?
¿No son iguales todas las mochilas?
¿Y no va muy espachurrado ahí dentro?
¿Y no da calor?
¿Y no se cae?
¿No va mejor en el carrito?
¿A partir de qué edad se puede usar? ¿Hasta qué edad se puede usar?
¿Y si te caes?
¿No le haces daño?
¿No se acostumbrará a los brazos?
Pero.. ¿le gusta ir “ahí”?
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¿Cómo llegué a ser mamá canguro? por Lidia: “¡Cómo llegué a llorar..! Y ¡cómo me río ahora, jajajaja”

Lidia, Barcelona.

“Cuando estaba embarazada del que ahora es mi peque de 16 meses, estaba súper ilusionada mirando carritos para llevarlo de paseo. No sé cuántos llegué a mirar, midiéndolos para asegurarme de que cupieran en el maletero del coche, en el ascensor; que fueran fácil de maniobrar, plegar; que no dieran problemas a la hora de subir y bajar bordillos, escalones, etc., etc., etc. Y todo esto dentro del canon de que fuera barato. Sí, sí, barato…, 600 € de cochecito que fueron al final (un Jané Slalom Pro, con su Matrix Pro y su plástico para la lluvia), tras mucho mirar y mirar e ir de tienda en tienda.

Toda ilusionada, lo encargué con 4 meses de antelación, para tenerlo un mes antes de dar a luz; nunca se sabe, es el plazo que necesitaba para que me lo sirvieran de fábrica los de Jané.

Cuando llega el día de ir a recogerlo… ¡horror! Me dicen que no hay cochecito, que la casa Jané han hecho cortos de producción y que me quedo sin mi cochecito Slalom Pro. Angustiada, me echo a llorar, ¿qué va a ser de mi bebé, que está a punto de nacer? ¿Dónde lo voy a llevar? Ay, ay, ay, ¡qué angustia más enorme! Tenía dos opciones, o bien comprarme uno de muestra que no cumpliera todos aquellos requisitos que tanto había mirado a la hora de elegirlo, o bien me esperaba otra vez entre 3 y 4 meses a que me proporcionaran otro. Y empezó mi búsqueda desesperada por las tiendas buscando en stock el que tanto me había costado elegir. ¡Cómo llegué a llorar..! Y ¡cómo me río ahora, jajajaja!, ¡anda, que si lo llego a saber antes..! Sigue leyendo

¿Cómo llegué a ser mamá canguro? por Edurne: “y comenzó la “adicción””

Edurne, Vitoria.

“Mi hija nació a finales de diciembre del 2006. Antes de su nacimiento no miramos carritos ni nada similar porque tenía claro que deseaba llevarla de otra manera,aunque no había definido cómo. Mi madre se empeñó y nos regaló un capazo sencillito, que con el tiempo acabamos sacando de casa por no usar.

Al siguiente día de nacer la nena, salí a la calle con el dichoso carro, y ahí me di cuenta de las desventajas del armatoste… cada vez que debía salir a hacer cualquier cosa debía en cierta medida plantearme el itinerario… a algunos lugares no podía entrar porque había escaleras con puertas que se abren hacia fuera, coger un autobús con plataforma elevadora para minusválidos y carritos era una odisea. Por no hablar de cruzar las calles sin sacar el carro a la carretera para poder ver si venían coches y otras más.

Cuando mi hija tenía dos semanas de vida, me llegó un fular que en principio alquilé para ver si me hacía con él, y que más tarde acabé comprando. Era, y es, un fular largo de color azul de EllaRoo. Después de unas pequeñas prácticas en casa con un muñeco y luego con la peque, ya salimos a la calle las dos juntas, y nos olvidamos para siempre del carro. Sigue leyendo

¿Cómo llegué a ser mamá canguro? por Julia: “Siempre con nuestros hijos, ayudados por los portabebés”

Julia, Sevilla.

“El primer contacto que tuve con un portabebé fue tras el nacimiento de mi hijo mayor, que unos amigos nos regalaron una bandolera, con la que salió del hospital. Desde que supimos que íbamos a ser padres, éramos reacios a usar un cochecito, pensábamos que era un armatoste que nos alejaba de nuestro hijo. Sin embargo, la presión social hizo que nos regalaran uno, que hemos usado muy poco (sólo en un par de ocasiones con nuestro hijo menor).

Usamos la bandolera unos tres meses, más el padre que yo, pues nunca he conseguido seguridad con ella. No conocíamos más que una postura y, en cuanto dejó de caber en posición cuna, buscamos otro artilugio para llevar a nuestro hijo cerca de nosotros. Así caimos en la trampa comercial de la mochila Baby-Björn. Usamos esta mochila una temporada, pero, en cuanto empezó a pesar más y nos resentíamos después de un rato, nos planteamos comprar otra que permitiera ponerlo a la espalda. Buscando en internet, encontramos estudios que nos hicieron ver lo perjudiciales que son ese tipo de mochilas comerciales. Así conocimos la Ergo, que fue el portabebé que nos introdujo en este mundo, a través de un foro de una tienda comercial. Sigue leyendo