¿Cómo llegué a ser mamá canguro? por Lidia: “¡Cómo llegué a llorar..! Y ¡cómo me río ahora, jajajaja”

Lidia, Barcelona.

“Cuando estaba embarazada del que ahora es mi peque de 16 meses, estaba súper ilusionada mirando carritos para llevarlo de paseo. No sé cuántos llegué a mirar, midiéndolos para asegurarme de que cupieran en el maletero del coche, en el ascensor; que fueran fácil de maniobrar, plegar; que no dieran problemas a la hora de subir y bajar bordillos, escalones, etc., etc., etc. Y todo esto dentro del canon de que fuera barato. Sí, sí, barato…, 600 € de cochecito que fueron al final (un Jané Slalom Pro, con su Matrix Pro y su plástico para la lluvia), tras mucho mirar y mirar e ir de tienda en tienda.

Toda ilusionada, lo encargué con 4 meses de antelación, para tenerlo un mes antes de dar a luz; nunca se sabe, es el plazo que necesitaba para que me lo sirvieran de fábrica los de Jané.

Cuando llega el día de ir a recogerlo… ¡horror! Me dicen que no hay cochecito, que la casa Jané han hecho cortos de producción y que me quedo sin mi cochecito Slalom Pro. Angustiada, me echo a llorar, ¿qué va a ser de mi bebé, que está a punto de nacer? ¿Dónde lo voy a llevar? Ay, ay, ay, ¡qué angustia más enorme! Tenía dos opciones, o bien comprarme uno de muestra que no cumpliera todos aquellos requisitos que tanto había mirado a la hora de elegirlo, o bien me esperaba otra vez entre 3 y 4 meses a que me proporcionaran otro. Y empezó mi búsqueda desesperada por las tiendas buscando en stock el que tanto me había costado elegir. ¡Cómo llegué a llorar..! Y ¡cómo me río ahora, jajajaja!, ¡anda, que si lo llego a saber antes..!

Encontré el cochecito y me quedé tranquila, y ahí llevaba a mi bebé toda orgullosa, aunque me faltaba algo… Me sentía mal al llevarlo tan lejos de mí, tan solito, con tanto ruido de coches, tan desprotegido…

Me dejaron una mochilita de esas típicas que se ven por ahí (tipo Baby-Björn), y entonces empecé a salir de vez en cuando a comprar con el niño colgado ahí. Pero no acababa de verlo claro, a él le notaba colgando, suelto; a mi se me clavaba… La gente de mi alrededor me preguntaba si me hacía falta algo para el niño, para hacernos un regalo por su nacimiento, y yo sopesé la idea de comprarme una mochila “de las buenas”, de las que llevan refuerzo lumbar, etc., (una Baby-Björn). Empecé a mirar por páginas cuál era mejor, por qué, experiencias de la gente, etc., porque era una inversión grande; eran casi 90€ de mochila, y no podía comprarla a lo loco, sin pensar.

Entonces ví la luz. Una chica de un foro en el que participaba me enseñó una foto de su maravilloso portabebé. Era un fular, y llevaba a la niña dentro, como en brazos, tapadita, echa una bolita (me encanta ver a los bebés con esa posturita que adoptan tipo bolita), y la madre con las manos libres. Ahora sé que era la posición cuna, me quedé encandilada con la imagen: ¡YO QUERÍA UNO DE ESOS! Entonces empezó mi investigación por esa otra rama de los portabebés, llegando a una página donde no sólo los vendían, sino que además tenían un foro donde hablaban de ellos.

No me imaginaba que existían estas cosas, ni que con un trozo de tela se podría ir así de bien. Me informé y me decidí. Aunque parecía muy lioso eso de atarte casi 5 metros de tela, lo veía tan precioso el llevar así a mi bebé…, se veían tan cómodos…, y, no sólo eso, sino que ya sabía que las otras mochilas no eran nada recomendables para los peques.

Y ahí que me fuí… Hice mi pedido de mi precioso fular Hoppediz modelo Nairobi; mi hijo contaba con un mes de vida.

Cuando lo recibí, emocionadísima, probé a atármelo con un nudo denominado cruz envolvente. Practiqué sin el niño para ver cómo era la cosa. Lo probé una vez y ví que la cosa era más sencilla de lo que pensaba y, ni corta ni perezosa, cogí al crío y para adentro del fular. Lo até sin mayores problemas, eso sí, un poquito insegura, la verdad, pero me quedó de requetechupete. ¡Que cómodo era eso! ¡Que fácil de poner, qué practico, y qué bien iba mi bebé tan pegadito a su mamá y en una postura correcta! Y yo… otra vez con mi bebé encima, como cuando lo tenía en la tripita, como si el embarazo siguiera (por cierto, que también es muy importante ese aspecto, el continuum).

¡Ay, qué feliz era!

Así empezamos con los portabebés tradicionales y/o naturales.

Meses después, cuando el crío contaba con 4 meses, nos pedimos un pouch, una maravilla de Hotslings modelo Black Ecru, precioso. Más rápido de poner, para ir y venir del coche o bajar a la piscina. Ideal para momentos cortos.

Y ahora recientemente, cuando mi bebé contaba con 15 meses, me compré otro fular, esta vez un DIidymos modelo Eva de 3 m para hacer nudos (posiciones) que requieren menos tela, y que así no me sobre tanta e ir más fresquitos en verano.

Ahora, cuando pienso en el disgusto que me llevé en el embarazo con el carricoche de Jané. me siento boba, tonta, y me provoca un poco de risa dentro de la rabia que me da no haber conocido este maravilloso mundo del porteo de bebés con anterioridad. Me perdí un mes de alegría y me gané un gran disgusto en su momento con el dichoso Slalom Pro de Jané.”

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