¿Cómo llegué a ser papá canguro? por Raúl: “No me queda muy claro si un papá canguro nace o se hace”

IMGP1438No me queda muy claro si un papá canguro nace o se hace. A continuación os cuento mi historia.

Creo que la primera vez que ví un portabebés fue cuando estaba buscando un regalo para el primer hijo de un gran amigo. No sabía muy bien qué regalarle y perdí mucho tiempo dando vueltas, viendo tiendas y preguntando precios. Una experiencia nueva y un sueldo estudiantil no daban para más. Por fín entré en una tienda y, en una esquina, encontré lo que estaba buscando. Una bonita mochila que le permitiría salir con su hijita sin mucha complicación. Su practicidad me convenció y no seguí buscando. A pesar de superar mi presupuesto, el regalo me escogió.

Varios años después me tocó mi turno y, entre las cosas que tocaba preparar, quería encontrar una mochila como aquélla. Había muchas más marcas y estilos, así que tocó informarse mejor y perder varias noches leyendo artículos en internet, características, ergonomía, dónde encontrarlas, etc. Durante ese tiempo mi propio hermano me regaló una mochila similar a la que yo había regalado varios años antes, ya tenía mi propia mochila. Sin embargo seguía teniendo curiosidad por otro tipo de mochila, que conocí gracias a otros amigos en una barbacoa de jardín. En su siguiente visita nos la trajeron y, dado que presentaba unas características diferentes, acabamos comprándonos una mochila “Ergo” en internet.

El manejo de estas mochilas nos permitió disfrutar de muchas actividades al aire libre y devolvernos la mayor parte de la movilidad que teníamos antes de la llegada de nuestra pequeña, integrándola además en dichas actividades. En este punto he de decir que el porteo me parece la mejor forma de relacionarme con mi hija. Durante el crecimiento de “la peque” hemos ido ajustando correas, probando nuevas posturas y dándole nuevos usos. El siguiente paso han sido los portabebés tradicionales: pouch, foulard, mei-tai, etc. Tras nuevas noches de “investigación” y selección, elegí mi propio mei-tai y, en la actualidad, se ha convertido en mi favorito. Es incluso más sencillo que las mochilas, ocupa y pesa menos y me permite una relación muy natural con mi hija. Ahora que echa sus primeras carreras y tiene una gran autonomía me permite salir con ella sin preocuparme de nada. En el momento en el que se cansa, da igual lo lejos que estemos de casa, la subo en el mei-tai y seguimos a lo nuestro, es el portabebés que más nos gusta actualmente. También es fantástico cuando enfrentarse a una situación que le genere ansiedad, como un supermercado, le sobrepasa y pide estar más cerca de nosotros. En resumen, podemos hacer lo mismo que antes sin mucho esfuerzo, ella crece feliz y disfruta de los dos por turnos, los fines de semana ambos queremos ser los primeros en llevarla.

Todo esto sin mencionar la propia salud. La espalda no se resiente e incluso se tonifica. El peso adicional ayuda a ejercitar las piernas de la forma más natural del mundo, un adulto transportando a sus hijos.

Aquello que en su día me llamó la atención me condujo a un camino de redescubrimiento que ha afectado a la forma en la que  mi hija y yo nos relacionamos con el mundo y entre nosotros.

2 comentarios

  1. felicidades papy kanguro !!

    ojala muchos se dieran cuenta con los niños hay disfrutarlos y como mejor se hace es … EN BRAZOS !!

    besos

  2. bonita historia me ha gustado mucho lo que cuentas, eso de querer llevar a tu bebe cerca…
    pues a disfrutar del mei…
    yoly.

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